martes, 25 de julio de 2017

LOS PARAÍSOS TIENEN SUS MISERIAS. RUTA 339 DE TAPPI (JAPAN)

Aviso: este post no contiene información de interés turístico.


Cartel de la Ruta 339 para senderistas



Coche aplastado en el garaje por la vivienda


No es un paraíso todo lo que reluce en Tappi. A pocos pasos del maravilloso parque natural salpicado de monumentos que evocan tragedias de la Segunda Guerra Mundial, miradores a acantilados de vértigo y caminos invadidos de hortensias, aparece un mundo de aspecto apocalíptico que se aleja de cualquier idea idílica sobre el mundo rural y que seguramente tiene mucho más que ver con las duras condiciones de vida de sus habitantes. Para descubrirlo, una de las opciones es adentrarse en la ruta 339 para senderistas que pretende guiarte hacia playas aptas para el baño, un par de restaurantes y unos cuantos alojamientos turísticos, pero si sabes mirar con ojos de viajero interesado y no de turista, el paraíso se esfumará tragado por la realidad. 

La bicicleta sigue siendo un vehículo común en Tappi

Camión convertido en vivienda

Al mismo tiempo, es el paisaje que nos rodea el que nos informa de que son deficientes las comunicaciones si no te desplazas hasta Aomori, escasos los recursos que ofrece la zona montañosa e  infernal el mar que abastece a la población dependiendo de lo largos que sean los inviernos, cuando la nieve cubre hasta la última de las cada vez menos casas y más montones de escombros. De hecho, es bastante raro cruzarte con alguien joven y estremece no ver ni a un solo niño a lo largo de kilómetros. Nada brilla bajo el sol y hay mucha más vida por la noche, cuando los pescadores salen en tropel en busca de calamares y el mar se adorna de luces como si fuera una fiesta. 

Calamares secándose al sol

Publicidad colgada en una casa en ruinas

Vivir en el paraíso no es tan estupendo como parece, tras caminar quién sabe cuánto, Tappi deja de parecer un lugar de cuento para convertirse en un escenario triste que solo puede combatir la amabilidad y la sonrisa nipona. Para colmo descubro al escritor Osamu Dazai, homenajeado en estas tierras, la prefectura de Aomori, por ser su lugar de nacimiento. Como no podía ser de otra manera, su vida y su final estuvieron marcados por la tragedia, ya que en la cumbre de su carrera quién sabe por qué abandonó a su familia y se suicidó junto a su amante. 
Dicen también que Tappi es tierra de famosos samuráis, sin embargo, lo que ha dejado verdadera huella en la zona no han sido los guerreros, sino el túnel ferroviario Seikan, uno de los más largos del mundo que conecta las islas de Honshu y Hoakido. Se trata de una colosal obra de ingeniería que ha cambiado la estética de las montañas para evitar filtraciones y que requiere mantenimiento continuo, por lo que es habitual encontrarse con obreros trabajando a varios metros de altura. Además, son necesarios los muros de contención para evitar tragedias mayores ante los frecuentes temblores de tierra y los tsunamis. 


Aspecto de las montañas costeras de Tappi a causa del Túnel Seikan que atraviesa las entrañas de la zona

Descubrir una realidad que no es la que te venden no me ha parecido malo, en el fondo me ha dejado un buen sabor de boca. Adicta a algunas series de televisión y a los libros, mi solitario camino me recuerda al plató de un rodaje de ciencia ficción y a titulares de noticias que he leído con anterioridad a mi viaje sobre el alto número de japoneses que desaparecen tras dejar atrás su vida o sobre el elevado índice de suicidios. 

Restos de enseres en una vivienda incendiada

Paraguas colgados en un garaje

Embarcadero


Luego, supongo que detrás de mi excursión está la fe, en las creencias o en uno mismo, esa misma fe que sostiene a tantos de nosotros ya sea en Tappi o en cualquier otro rincón del mundo. 


No tengo ni idea de cómo ni por qué se colgaron esas ruedas, pero alguien dedicó mucho tiempo a hacerlo



Uno de los muchos templos que se pueden encontrar en las villas de Tappi







lunes, 24 de abril de 2017

Libros Mortales

Relato
Si miro atrás lo único que sé con certeza es que el destino orquestó una cita mortal entre dos amantes de los libros la fría mañana del 12 de noviembre de 1912 en la Puerta del Sol, frente al escaparate de mi librería. Muchos expertos han escrito sobre el caso, aunque no son más que ríos de tinta que enmarañan la verdad. 
        Yo era un joven librero que no presentía que la tragedia conspiraba en la Puerta del Sol y en la Librería San Martín me dedicaba a reconstruir una batalla de la Guerra de los Balcanes con soldados de plomo, tratando de ajustar los movimientos de los ejércitos a las crónicas de la prensa. Me despisté unos instantes al ver pasar por la calle a otro joven muy elegante del que admiré embobado su gabán de color ceniza y su corbata de seda verde esmeralda. Él, como si no pudiera evitarlo, se detuvo ante los éxitos editoriales y yo no tuve dudas de que su rostro me era familiar, que debía de tratarse de algún cliente o tertuliano, porque entonces el local era también un lugar de moda frecuentado por intelectuales y políticos. 
        Aunque no pude verlo sé que el desconocido entró en el Bar Sol, donde según me dijo después un camarero, allí ya lo habían atendido otras veces. Tras sentarse, el hombre del gabán se sacó del bolsillo un ejemplar de Astronomía popular, de Camille Flammarion. Siempre he creído que no escogió al azar el título que iba a acompañarle el que sabía que podía ser el último día de su vida y que quizá contenía una cita que le infundía fuerzas; creo que en realidad fingía que leía y que se dedicó a matar el tiempo mientras planeaba matar a José Canalejas, el presidente del Consejo de Ministros. Nadie sospechó que detrás de su copa de cognac había un criminal que tramaba un magnicidio. 
   El día señalado coincidía con el que yo cada mes renovaba el escaparate con las publicaciones que nos enviaban las editoriales de más renombre. Si el asesino había vigilado durante semanas su objetivo como dijo la prensa, él y yo sabíamos que Canalejas estaba a punto de desviarse del camino habitual hacia su casa para detenerse ante la librería. 
        La llegada del presidente a la Puerta del Sol coincidió con una ventisca helada que dejó la plaza casi vacía. Yo estaba abriendo alguna caja de libros cuando Canalejas se quedó cautivado ante una novedad de Miguel Unamuno. Estaba tan acostumbrado a verlo por allí que le sonreí y seguí con mis quehaceres. Como tantos viandantes se dejó seducir por los soldados de plomo que acababa de colocar, como si quisiera adivinar el final de la batalla sin ver la sangre derramada. De repente, como una sombra, tras la espalda de Canalejas apareció el hombre del gabán gris. 
        Cuando regreso a aquel terrible momento escucho un disparo cuyo estruendo me obligó a agacharme. Sé que la bala se hundió en la cabeza de la víctima, y que lejos de detenerse en el cráneo, atravesó el escaparate convirtiéndolo en una lluvia de cristales afilados. El pecho de una imagen de San Martín que estaba sobre una estantería fue el que contuvo la bala, sin darnos tiempo a pedirle un milagro. Aún escuché dos tiros más, y como una flecha, el asesino desapareció corriendo sobre los adoquines. 
       Sin dejar de temblar traté de socorrer al presidente que yacía sobre un lecho de vidrios rotos empapados de sangre y pronto me vi rodeado por un remolino de personas tan asustadas como yo. 

Recreación del asesinato de José Canalejas

        Unos agentes que debían de escoltar al fallecido y que nadie supo dónde estaban cuando sucedió el ataque, aparecieron de la nada y se lanzaron a perseguir al agresor. Aquella fue una carrera atropellada en la que hubo intercambio de disparos que no alcanzaron a nadie y cuentan que el asesino gastó las fuerzas que aún le quedaban para ocultarse detrás de un coche y apretar el gatillo por última vez. Contra sí mismo y en la sien. A pesar de ser un tiro certero, un hilo de vida lo sostendría durante unas horas. Leí en la prensa que uno de los policías zarandeó al herido y le registró los bolsillos, encontrando una carta que nadie sabría leer jamás porque estaba escrita en clave, otro misterio que quedó en el aire. Antes de caer la tarde corrió la voz de que el asesino se llamaba Manuel Pardiñas, que era un artista que pintaba frescos en los techos del Hotel Palace y que se alojaba en casa de un amigo, aunque lo único que allí encontraron fue una maleta llena de libros con su nombre. 

Imagen publicada por la prensa de Manuel Pardiñas en la sala de autopsias 

             El atentado dejó una estela de indignación en la prensa y en los políticos, convencidos de que aquella violencia no debería repetirse. A pesar de todo, aquel magnicidio no sería el último, solo fue uno más en una penosa lista. 
       Canalejas fue enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres de Nuestra Señora de Atocha. Con el paso de los años, el resto de elegidos para descansar en aquel santuario fueron reclamados por sus ciudades natales, pero por otro enigma no resuelto, a él nadie lo reclamó y se acabó quedando solo bajo una escultura de Mariano Benlliure. 
     Hoy he recibido otro libro que ha evocado mis recuerdos: La vida íntima de José Canalejas, unas memorias escritas por su viuda, Purificación Hernández. No espero encontrar en él una verdad que nadie se atreve a escribir. San Martín sigue con la bala clavada en su pecho y me digo que el santo es el único que conoce el misterio de la cita mortal. Si miro atrás solo sé que los libros fueron la clave de aquel crimen que sucedió una mañana que empieza a resultarme lejana en la memoria, y que era fría, como un soldado de plomo.




martes, 21 de marzo de 2017

Joaquín Candel, el corredor que encontró su límite


Durante ocho días Joaquín Candel ha recorrido 560 kilómetros del Círculo Polar Ártico arrastrando un trineo de 27 kilos de peso, soportando vientos helados y temperaturas que han alcanzado los 50 grados bajo cero. Es el primer corredor español que ha participado en la carrera 6633 Arctic Ultra y ha logrado quedar quinto en esta aventura en la que solo siete de 21 atletas han cruzado la meta. "Buscaba mi límite y lo he encontrado. Ha sido la prueba más dura a la que me he enfrentado." En los últimos diez años solo otros 31 deportistas  como él han resistido  hasta el final.
Joaquín Candel durante la carrera. Jassin Godard
     

El ganador de esta edición ha sido el rumano Tiberiu Useriu y entre los participantes de esta ultramaratón extrema se dan cita expertos en batirse en duelo con situaciones límite, como militares de las fuerzas especiales británicas. Joaquín tiene una larga trayectoria como corredor de ultradistancia y aspiraba a lograr el tercer puesto. Sin embargo, las duras condiciones climatológicas y problemas de última hora retrasaron su llegada. "Las últimas doce horas fueron una agonía total, perdí mi posibilidad de luchar por ese tercer lugar y a tres horas del final me pasaron dos corredores, aunque en ese momento lo único que quería era terminarla”. Se trata de una carrera que transcurre prácticamente en soledad y en la que el máximo aliado es la autosuficiencia. Para sobrevivir se requiere un hornillo para calentar la comida deshidratada y la nieve. El resto de enseres necesarios se transportan en el trineo y en los puestos de control que hay a lo largo del trayecto los organizadores observan el estado y las necesidades de los corredores.

      En esas últimas doce horas Joaquín luchó contra elementos como el riesgo de congelación en los dedos de una mano. "Debajo llevaba unos guantes finos, que te permiten cerrar cremalleras, atar cuerdas y hacer cosas con los dedos. Encima llevaba unas manoplas de máxima protección, pero a causa del viento, la capa exterior se congelaba y transfería el frío hacía las manos. La humedad de mi respiración me cubría la cara de escarcha. Sin darme cuenta, la limpiaba con los guantes, mojándolos poco a poco, y por eso me los tuve que quitar, disminuyendo de forma considerable mi protección del frío." Para resistir hasta el final Joaquín recurrió a usar unos calcetines gruesos en vez de las manoplas de plumas. 


       Por otro lado, “tenía llagas en los pies y para soportar el dolor recurrí a concentrarme en el que sentía en las ingles a causa de las rozaduras. No podía hacer nada más. Detenerme en esas condiciones era correr demasiado riesgo", explica el atleta que nació en Alicante aunque en la actualidad residen Las Vegas con su familia donde trabaja como piloto de una compañía aérea. 

     Joaquín explica que detenerte en un desierto de hielo cuando las temperaturas sobrepasan los cuarenta grados bajo cero es un error fatal "tienes los minutos contados porque te congelas con extrema rapidez, y lo mismo sucede si expones una parte de tu cuerpo al aire libre o si se moja, aunque sea a causa del sudor. Por lo que decidí seguir adelante durante las horas siguientes."

Joaquín Candel durante la carrera 6633 Arctic Ultra

     Pero las complicaciones para Joaquín Candel comenzaron antes, cuando faltaban tres días para completar la carrera, “ese fue el punto más bajo, el sistema de calefacción de mis manos estaba comprometido porque apenas podía mantener las manos calientes. No me podía imaginar lo que pasaría después del atardecer con la bajada de temperaturas”. Desde ese momento hasta llegar al siguiente punto de control (donde las podía secar) tuve que limitar las comidas, bebidas, ir al baño, todo aquello que requería tener las manos fueran, y aún me quedaban como unas diez horas.” 

Momentos previos al inicio de la carrera. Jassin Godard
     Conforme transcurrían los días, junto al desgaste físico de la prueba Joaquín comenzó a sentir síntomas de cansancio extremo a causa de la hipotermia.“Sobre las 4 de las tarde, el pie me empezaba a molestar otra vez (más de lo normal). Decidí pararme para comprobar lo que era. Tenía una llaga llena de pus y debía de ser rápido. Cuando la drené salió una especie de gel amarillo, creía que se me había congelado, aunque solo se me había infectado.” Con la caída de la tarde el problema se agudizó "el agotamiento lo achacaba bastante y lo que antes podía hacer con agilidad ahora requería que me detuviera para hacerlo, como comer, cambiarme de ropa o beber. En ese punto me sentía como un niño de tres años y me decía tengo hambre, ahora tengo sueño, quiero hacer pis, tengo frío, calor, estoy cansado... Entré en un círculo vicioso”.
     Desde el segundo día de la carrera, con excepción de los puntos de control, Joaquín no tuvo interacción con ningún otro corredor. Cada cinco, ocho o diez horas, miembros de la organización acudían en un vehículo a comprobar su estado “paraban y charlaban un rato conmigo, normalmente tonterías. Yo siempre les preguntaba por el 7Eleven o Sturbacks más cercano (por supuesto a 1200 kms). Yo siempre de broma.”

     “Cuando tocaba fondo me daba cuenta de que no tenía otra opción ni dirección, solo seguir hacia adelante, por lo que en los momentos más terribles me aferré a recuerdos de mi familia y mis amigos. Y poco a muy poco las millas fueron cayendo hasta llegar al último punto de control antes del tramo final hasta la meta. También me decía una y otra vez ¿Abandonar la carrera aquí? ¿Estas loco?”

En el Paralelo 66º 33N que da nombre a la carrera. Jassin Godard

martes, 14 de marzo de 2017

El héroe del hielo


Joaquín Candel momentos antes de iniciar la carrera 6633 Arctic Ultra

Se llama Joaquín Candel y mientras escribo este post él está atravesando el Ártico arrastrando un trineo a unos 50 grados bajo cero. Resalto su nombre porque se trata del primer español que está participando en en la carrera conocida como 6633 Arctic Ultra, una de las carreras más duras del mundo que se desarrolla en el desierto de hielo del Círculo Polar Ártico. En los últimos diez años solo 24 deportistas han logrado llegar a la meta, un desafío que supone recorrer 560 kilómetros con el trineo como única compañía, soportando el clima polar donde confluyen bajas temperaturas, fuertes vientos y nieve a destajo. Se trata, por tanto, de un reto casi inalcanzable, una aventura de la que Joaquín está formando parte.
     El reto comenzó para él el pasado viernes 10 de marzo, cuando junto a los 18 deportistas de esta edición iniciaron la carrera desde Eagle Plains, un pequeño punto del mapa compuesto por un pequeño hotel y una gasolinera y donde la civilización deja de existir a lo largo de centenares de kilómetros. La competición consiste en alcanzar la meta, situada en Tuktoyaktuk, un pequeño pueblo de la costa. El número 6633 de la carrera hace referencia al paralelo de la Terra, es el que está situado más al Norte y en el cual tienen lugar la noche polar y el sol de medianoche en el Hemisferio Norte, eventos que ocurren en los solsticios de invierno (diciembre) y verano (junio) respectivamente.
     Los participantes deben arrastrar en un pequeño trineo todo lo necesario para la carrera. Hay puestos de control antes de cada carrera donde se reparten bolsas de comida deshidratada, ropa y gasolina para usar un hornillo con el fin de derretir la nieve y de esa forma poder beber y cocinar. El resto de enseres se deben transportar en el trineo. Estas normas suponen desarrollar la autosuficiencia que requiere este deporte extremo. 



Haciendo frente a las condiciones extremas de la prueba
     La dificultad que entraña esta prueba es tal que en los últimos años los organizadores han incluido un recorrido más corto para los deportistas que no se atreven con distancias tan largas y que consta de 193 kilómetros. Candel se encuentra entre los osados que se han inscrito para realizar la carrera de mayor trayectoria.
  En su último mensaje antes de perderse en el Ártico Joaquín Candel describió así la travesía a la que se está enfrentando: “los primeros 370 kms transcurren a lo largo de la famosa Demster Hiway, una carretera histórica y el único camino de Canadá para recorrer el desierto ártico, mientras que los últimos 190 son una verdadera autopista de hielo”. 
Además, consideró que la prueba más dura será “la temperatura. Los problemas empiezan cuando se levanta el viento, que hace que el frío sea más intenso.”
     Joaquín Candel nació en Alicante, trabaja como piloto para la compañía Southwest Airlines y reside en Las Vegas. 

       Puedes seguir su trayectoria en la carrera a través de este enlace vía satélite.


                                     http://share.findmespot.com/shared/faces/vie
                                wspots.jsp?glId=0k5lCjZUT7dpjhfCflxlFgY1AgKmaY3Hn



      También es uno de nuestros “Españoles por el mundo.” Si quieres saber más sobre él aquí tienes el video de su aparición en TVE hace unos años.

           


  

martes, 22 de noviembre de 2016

"She was so bad" se viste de rojo en La Rossa


En Librería La Rossa solo hay libros escritos por mujeres, pero eso no impide que te encuentres con un montón de hombres rondando por las estanterías y charlando en torno a una cerveza. La verdad, no sé lo que esperaba encontrarme cuando acudí hace unos días a la presentación de "She was so bad", pero desde luego no estaba en mis planes descubrir entre los montones de libros una barra con una librera detrás dispuesta a servir cerveza o té. Supongo que esa fusión de libros y bar convierten a La Rossa en un agradable rincón que invita al ocio y a descubrir nuevos mundos literarios. 




     La Rossa significa rubia en valenciano y la librería pretende ir más allá de la promoción de la lectura y no se conforma con impulsar a las mujeres escritoras. Su dueña, Alodia Clemente, ha diseñado un espacio inspirado en Dorothy Parker y su relato más famoso "Una rubia imponente" para convertirlos en la clave de su negocio. Desde luego, la pluma de Parker no se hizo famosa solo por escribir bien, sino por su cinismo, acidez y por describir temas como la vida desenfrenada y experiencias al límite. Tuvo, por supuesto, otros muchos valores que yo centraría en su estilo a la hora de revelar los roles de hombres y mujeres donde las sensaciones de ambos sexos cobran protagonismo. Toda esta original puesta en escena convierte a La Rossa en un lugar especial para asistir no solo a la presentación de un libro, también para acudir a talleres y actividades en torno a la literatura.




     Fue en La Rossa donde "She was so bad" se vistió de rojo para celebrar la segunda edición del libro que firman veintidós autoras con relatos sobre sexo, violencia, ciencia-ficción, fantasía, suspense o terror. Para arroparlo contamos con numeroso público interesado en los entresijos que se ocultan detrás de su nueva portada.
     La parte interesante fue saber algo más de autoras como Lain Gomher y conocer más detalles sobre el nacimiento de "She was so bad" explicados por su editora, Adriana Bañares, entre ellos que el título se corresponde al de una canción del grupo de garage rock de los sesenta The Blue Embers que escuchó de forma casual. Por supuesto, yo también estuve para defender mi relato y el trabajo que hemos desempeñado hasta ahora. De lo que no me cabe duda es de que el libro contiene la pasión y la energía de aquellos grupos de garaje en aquellos locos años.




     Pienso, además, que en este caso lo que nos ha unido a todas y a todos a la hora de escribir y leer "She was so bad" es tener algo de irreverentes y la misma sed para vivirnos la vida cual par de cervezas. 
    Por favor, dejen su vaso en la barra antes de salir y no olviden llevarse su ejemplar. Salud y gracias.
        
           ¿Conoces la canción She was so bad que inspiró el título del libro? 

      

lunes, 14 de noviembre de 2016

Literal Forest: los locos de los libros



Podría decir que Literal Forest es un equipo profesional con un canal dedicado al libro, aunque no sería sincera, tienen razón cuando se definen como un grupo de locos, ¿a quién se le ocurre poner en marcha una idea tan poco lucrativa como esa en los tiempos que corren?

Quizá porque hace mucho tiempo que el mundo gira al revés y no nos hemos dado cuenta aún quedan locos como ellos que se embarcan en naves imposibles. Además, por alguna razón que no sé analizar sin temor a equivocarme, el equipo ha tomado sólidas posiciones en las redes sociales realizado entrevistas a escritores y buscando titulares en el mundo editorial. La muestra es que en muy pocos meses son más de seis mil los viajeros que se han subido a su mismo satélite en su fan page de Facebook interesados en las mismas chaladuras.

Parece que plasmar en su trabajo el sello personal que da el blanco y negro y mezclarlo con contenidos de calidad no es el camino al desastre que todos habíamos imaginado, o son más de los que creemos los que vagan por el mundo buscando un libro al que aferrarse para escapar de la vacía realidad. De momento, puedo decir que tengo suerte de figurar entre las locuras que han cometido.


Aquí están los nombres de todo el equipo, quizá los necesites si tú también estás pensando cometer alguna insensatez.

Dirección: Raúl Jiménez

Realización audiovisual: Cristina San Martín
Redacción: Belén Pardos
Diseño: Rodrigo García
https://www.facebook.com/LiteralForest/
Contacto: literalforest@gmail.com



Canal Literal Forest:

https://www.youtube.com/channel/UCYRTEIXXdUxNHq6gF3xjPmQ






lunes, 7 de noviembre de 2016

Más malas que la quina

Portada de la antología pulp "She was so bad!"



Hay lectores que creen que escribo historias para mujeres solo por mi sexo, editores que debaten si hay un estilo en la literatura de mujer y mujeres que escriben pensando que la sensibilidad o la mirada en las letras es una cuestión de género. A mí estas cuestiones que dan vueltas por el mundo virtual no me importan nada, solo me limito a sacar todo el brillo que pueda a mi cerebro para escribir historias que me apasionan. Sin embargo, aún es un hecho que fuera de la literatura romántica las mujeres publican menos libros que los hombres y que aún se considera una rareza su incursión en temas como el sexo, el terror o la novela negra. 
La antología She was so bad! pretende poner patas arriba los convencionalismos editoriales y demostrar (a estas alturas de la Historia tener que demostrar algo como mujer me aburre que me mata) que el sexo del autor no determina el estilo narrativo. 
En total somos veintidós las autoras que firmamos este libro de serie b sin que se nos caigan los anillos por meternos en terrenos más oscuros que el amor y dejar claro que no existen motivos para quedarnos fuera de la narrativa visceral. 
De momento, el título ha logrado llegar más lejos de lo que nadie esperaba al publicar la segunda edición a las pocas semanas de su salida a un mercado donde la competencia es feroz y las editoriales independientes apenas cuentan con escaparates donde exhibir sus productos. 
Editorial Aloha tiene la culpa de haber reunido esta veintena de relatos que andan de gira por librerías de toda España y han despertado la curiosidad de centenares de lectores. Su editora, Adriana Bañares, solo ha dado unos cuantos pasos al frente de su marca, pero ya ha logrado darle un sello de identidad propia, sin duda una de las claves del éxito.