martes, 22 de noviembre de 2016

"She was so bad" se viste de rojo en La Rossa


En Librería La Rossa solo hay libros escritos por mujeres, pero eso no impide que te encuentres con un montón de hombres rondando por las estanterías y charlando en torno a una cerveza. La verdad, no sé lo que esperaba encontrarme cuando acudí hace unos días a la presentación de "She was so bad", pero desde luego no estaba en mis planes descubrir entre los montones de libros una barra con una librera detrás dispuesta a servir cerveza o té. Supongo que esa fusión de libros y bar convierten a La Rossa en un agradable rincón que invita al ocio y a descubrir nuevos mundos literarios. 




     La Rossa significa rubia en valenciano y la librería pretende ir más allá de la promoción de la lectura y no se conforma con impulsar a las mujeres escritoras. Su dueña, Alodia Clemente, ha diseñado un espacio inspirado en Dorothy Parker y su relato más famoso "Una rubia imponente" para convertirlos en la clave de su negocio. Desde luego, la pluma de Parker no se hizo famosa solo por escribir bien, sino por su cinismo, acidez y por describir temas como la vida desenfrenada y experiencias al límite. Tuvo, por supuesto, otros muchos valores que yo centraría en su estilo a la hora de revelar los roles de hombres y mujeres donde las sensaciones de ambos sexos cobran protagonismo. Toda esta original puesta en escena convierte a La Rossa en un lugar especial para asistir no solo a la presentación de un libro, también para acudir a talleres y actividades en torno a la literatura.




     Fue en La Rossa donde "She was so bad" se vistió de rojo para celebrar la segunda edición del libro que firman veintidós autoras con relatos sobre sexo, violencia, ciencia-ficción, fantasía, suspense o terror. Para arroparlo contamos con numeroso público interesado en los entresijos que se ocultan detrás de su nueva portada.
     La parte interesante fue saber algo más de autoras como Lain Gomher y conocer más detalles sobre el nacimiento de "She was so bad" explicados por su editora, Adriana Bañares, entre ellos que el título se corresponde al de una canción del grupo de garage rock de los sesenta The Blue Embers que escuchó de forma casual. Por supuesto, yo también estuve para defender mi relato y el trabajo que hemos desempeñado hasta ahora. De lo que no me cabe duda es de que el libro contiene la pasión y la energía de aquellos grupos de garaje en aquellos locos años.




     Pienso, además, que en este caso lo que nos ha unido a todas y a todos a la hora de escribir y leer "She was so bad" es tener algo de irreverentes y la misma sed para vivirnos la vida cual par de cervezas. 
    Por favor, dejen su vaso en la barra antes de salir y no olviden llevarse su ejemplar. Salud y gracias.
        
           ¿Conoces la canción She was so bad que inspiró el título del libro? 

      

lunes, 14 de noviembre de 2016

Literal Forest: los locos de los libros



Podría decir que Literal Forest es un equipo profesional con un canal dedicado al libro, aunque no sería sincera, tienen razón cuando se definen como un grupo de locos, ¿a quién se le ocurre poner en marcha una idea tan poco lucrativa como esa en los tiempos que corren?

Quizá porque hace mucho tiempo que el mundo gira al revés y no nos hemos dado cuenta aún quedan locos como ellos que se embarcan en naves imposibles. Además, por alguna razón que no sé analizar sin temor a equivocarme, el equipo ha tomado sólidas posiciones en las redes sociales realizado entrevistas a escritores y buscando titulares en el mundo editorial. La muestra es que en muy pocos meses son más de seis mil los viajeros que se han subido a su mismo satélite en su fan page de Facebook interesados en las mismas chaladuras.

Parece que plasmar en su trabajo el sello personal que da el blanco y negro y mezclarlo con contenidos de calidad no es el camino al desastre que todos habíamos imaginado, o son más de los que creemos los que vagan por el mundo buscando un libro al que aferrarse para escapar de la vacía realidad. De momento, puedo decir que tengo suerte de figurar entre las locuras que han cometido.


Aquí están los nombres de todo el equipo, quizá los necesites si tú también estás pensando cometer alguna insensatez.

Dirección: Raúl Jiménez

Realización audiovisual: Cristina San Martín
Redacción: Belén Pardos
Diseño: Rodrigo García
https://www.facebook.com/LiteralForest/
Contacto: literalforest@gmail.com



Canal Literal Forest:

https://www.youtube.com/channel/UCYRTEIXXdUxNHq6gF3xjPmQ






lunes, 7 de noviembre de 2016

Más malas que la quina

Portada de la antología pulp "She was so bad!"



Hay lectores que creen que escribo historias para mujeres solo por mi sexo, editores que debaten si hay un estilo en la literatura de mujer y mujeres que escriben pensando que la sensibilidad o la mirada en las letras es una cuestión de género. A mí estas cuestiones que dan vueltas por el mundo virtual no me importan nada, solo me limito a sacar todo el brillo que pueda a mi cerebro para escribir historias que me apasionan. Sin embargo, aún es un hecho que fuera de la literatura romántica las mujeres publican menos libros que los hombres y que aún se considera una rareza su incursión en temas como el sexo, el terror o la novela negra. 
La antología She was so bad! pretende poner patas arriba los convencionalismos editoriales y demostrar (a estas alturas de la Historia tener que demostrar algo como mujer me aburre que me mata) que el sexo del autor no determina el estilo narrativo. 
En total somos veintidós las autoras que firmamos este libro de serie b sin que se nos caigan los anillos por meternos en terrenos más oscuros que el amor y dejar claro que no existen motivos para quedarnos fuera de la narrativa visceral. 
De momento, el título ha logrado llegar más lejos de lo que nadie esperaba al publicar la segunda edición a las pocas semanas de su salida a un mercado donde la competencia es feroz y las editoriales independientes apenas cuentan con escaparates donde exhibir sus productos. 
Editorial Aloha tiene la culpa de haber reunido esta veintena de relatos que andan de gira por librerías de toda España y han despertado la curiosidad de centenares de lectores. Su editora, Adriana Bañares, solo ha dado unos cuantos pasos al frente de su marca, pero ya ha logrado darle un sello de identidad propia, sin duda una de las claves del éxito.



















jueves, 6 de octubre de 2016

El final de la calle Brzeska




Edificio judío de la calle Brzeska en Varsovia

En la calle Brzeska el pasado agoniza y los edificios amenazan con caerse a pedazos, pero comprendes que Varsovia no sería la misma Varsovia sin esta arteria por donde quedan más rastros de cerveza y vodka que de vida diurna. 
          Varsovia ha sido reconstruida ladrillo a ladrillo, es por tanto en esta calle y en su barrio de Praga donde aún palpita la Segunda Guerra Mundial al ser lo único que respetaron los bombardeos alemanes. En la calle Brzeska las ventanas con forma de tablas de Moisés nos recuerdan que ninguno de sus vecinos regresó del infierno para contarlo y los impactos de bala de los muros son testigos del fracaso de sus habitantes en su titánico alzamiento contra los nazis. 
Arte urbano en uno de los solares vacíos 

Sobre los ladrillos puede leerse "Te echamos de menos judío"


          En un intento por reinventar una zona que cayó hace mucho en el pozo de lo marginal, un mural nos hace saber que por allí pasó algún artista con intención de transformar el mundo, aunque el arte y la vida bohemia se acabaron instalando justo unas esquinas más atrás, dejando al peligro correr a sus anchas por aquí. No hay ninguna frontera, pero los pocos turistas que merodean en busca de las calles que quedan con auténtico sabor varsoviano pronto intuyen que no son bien recibidos, que solo hay amor para las vírgenes de los altares que siempre habitan en los patios interiores, donde no hace falta ser un lince para captar que los índices de desempleo y alcoholismo son tan altos como picas.
Entrada del mercado ambulante 
 
Prendas militares soviéticas puestas a la venta en el mercado ambulante
          Mientras que en el resto de la ciudad hay prisa por encajar en el mundo de los centros comerciales que hacen su agosto con nosotros cualquier día del año, en esa misma calle se accede a un mercadillo ajeno a los tiempos que corren donde el producto de oro son los vestidos de novia, trajes y accesorios para bodas y comuniones. Ya no hay muchachas que busquen zapatos ni flores para el día de su boda, pero entre un montón de puestos abandonados los últimos vendedores aguantan como espartanos para atender a clientas con edad de haber saludado a Stalin en persona. 
Vestidos de novia puestos a la venta
         El valor de la calle Brzeska es que puedes imaginar la Varsovia que ya solo existe en imágenes en blanco y negro y respirar la Guerra Mundial más allá de los episodios que nos han contado. De hecho, sus últimos visitantes de lujo fueron el director de cine Roman Polanski y el actor Adrien Brody, porque la eligieron para algunas escenas de El pianista, solo fue necesario levantar un muro de tres metros para recrear lo que pudo haber sido el gueto judío. 

          La vieja calle Brsezka es hoy en un renglón torcido en la reconstruida Varsovia que aún no ha encontrado su sitio, aunque en este mundo donde casi nada sucede como imaginas es posible que el turismo atraído por el mito del cine la reconquiste de nuevo, que entre despistados viajeros japoneses, guías y autobuses, la calle Breszka encuentre un futuro más optimista, sin cristales rotos. 
Acceso a uno de los edificios




Fachada de un edificio






Varsovia no sería la misma sin Chopin
video

domingo, 31 de julio de 2016

Billete sin regreso a Varsovia





Palacio de la Cultura y la Ciencia
Llevo un par de días discutiendo conmigo misma. El catálogo de pensamientos incluye pequeños detalles o alguna idea profunda que va y viene como Pedro por su casa. Es el efecto de ser una turista solitaria en Varsovia. Sé que nada de lo que pasa por mi cabeza es en realidad importante, pero descubro que llego a conclusiones a las que no habría llegado bajo la influencia de otras personas. La realidad es que no tengo mucho sobre mí que contar, solo siento la certeza de ser yo y mis circunstancias y que la novedad me queda como un traje a medida. 
No hago nada que no haría cualquiera, pero saboreo la libertad de decidir cada paso que doy sin saber a donde me llevará el siguiente. 
No soy la unica turista solitaria en Varsovia ni estoy descubriendo las Américas, pero detecto, creo que con alegría, que no formo parte de los que andan con un palo de selfie para contar mi vida en directo. Soy de las que aún se conforman con tomar un café con wifi en algún rincón tranquilo en el que conectar con mi mundo y entre foto y foto volcar mis soledades. 
Entre pensamientos sigue mi juego sin reglas y no siempre sé si gano o pierdo. De momento solo estoy segura de una cosa: este viaje no tiene billete de vuelta.


Bombardeo sobre Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial